Santisimo Fiasco
La información subjetiva
viernes, 11 de mayo de 2012
viernes, 9 de marzo de 2012
¿Que sucede?
Hubo un tiempo en donde recibía mails felicitándome por el blog, así que como los últimos dos meses han estado muy flojos, me niego a publicar la continuación de la historia hasta recibir comentarios o mails > : D
lunes, 13 de febrero de 2012
El olvido de Dios
La historia que voy a contar, querido viajero, es para que los hombres estén conscientes de todo lo que pasó hace ya muchos años, para no olvidar porqué seguimos aquí, para que en el futuro, podamos pensar y recordar a nuestros antepasados. Esta es mi historia, la historia de un campesino que se hizo Rey,que se hizo Dios.
Todo empezó hace ya muchas eras, en la del Rey Adamián III, que gobernaba el reino de Arameka, una vasto y hermoso imperio que se extendía hasta donde alcanzaba la vista desde la montaña más alta. Se podían ver en las noches las millones de estrellas que iluminaban las flores de ovila que perfumaban en las tardes los campos de cosecha de atrín, con lo que hacíamos el pan en unos grandes hornos de piedra. A lo lejos se podían ver las montañas del norte, donde se encontraba la escultura del Dios más grande de todos: Magadán, mientras al sur si se camina bastante por los caminos hechos de piedra y cenizas, se llega al desierto de Marrón, las arenas más peligrosas de toda la tierra, era un desierto enorme con varias piedras enormes y rojas que vigilaban a los incautos que pasaban por ahí, desierto lleno de ladrones y asesinos. Al este, se encontraba la gran laguna de Arameka, un gran lugar en donde los pescadores vivían en paz y se acostaban en las tardes en sus hamacas, pero todos tenían miedo del gran monstruo Kulum, un animal terrible que atacaba a las lanchas que pescaban de noche, mientras la luna se reflejaba en el lago. Mientras tanto, recuerdo que al oeste se podía ver el camino de las estrellas, un camino iluminado por misteriosas piedras brillantes, con unos grandes árboles que cubrían el cielo, lugar lleno de lobos y animales salvajes; sin embargo, aquel camino llevaba al tempo de Kadar, donde se entrenaban los magos del rey.
Yo me encontraba en la región de Alkanir, pueblo situado al sur de la capital, un lugar con algunas casas de techo de paja y con un pozo pequeño en el centro del pueblo, contábamos con un molino en el que hacíamos pan de atrín, para después venderlo en la ciudad y con una granja de animales de los que comíamos y vendíamos, para con su piel hacer armaduras y armas de gran calidad, éramos un pueblo pacífico y sin preocupaciones, mientras nuestras esposas se mantuvieran bellas y nuestros estómagos llenos. Teníamos pocos pobladores y todos nos conocíamos, y mientras yo trabajaba en mis tierras con sudor y sangre, mi esposa, Marina, cocinaba en la casa estofados calientes y deliciosos. Oh, mi Marina, aún recuerdo su hermosa piel color madera y sus ojos verdes como dos esmeraldas preciosas, su cabello largo que parecía un río y su sonrisa que podía encantar a cualquier hombre o rey que la mirara. Con ella tuve un hijo y dos pequeñas niñas, mi hijo Badón estaba suficientemente grande para trabajar con el herrero de Alkanir, donde aprendía las artes de usar el fuego para crear poderosas armaduras y escudos. Por otro lado mis hijas Altea y Corantia eran muy pequeñas para recordar algo del mundo, sin embargo las amaba con todas mis fuerzas y con cada corte que daba en mis tierras, pensaba en ellas y en su futuro. Por último, dejame decirte viajero, que todos me conocían en esos momentos como Ayakán, antes de conocerme como Ayakan el terrible.
Aún recuerdo, que hace muchas eras, trabajaba todo el día, despertaba cuando salía el sol y besaba a mi esposa en la frente, pobre Marina, su destino fue terrible, pero hablaré de eso después, cuando sea el momento, puesto que escribo esta historia con lágrimas en mis ojos y con arrepentimiento de mis acciones.
EL MENSAJERO DEL REY
Una tarde lluviosa, cuando las gotas de agua resbalaban por mis brazos al trabajar, un caballo negro con la cresta dorada se acercó a la plaza principal, de él, se bajó un misterioso hombre, cubierto con una máscara de mensajero, puesto que los mensajeros eran asesinados después de dar un mal mensaje, así que el rey decidió darles anonimato. El mensajero llevaba dos grandes rollos de papel, en donde venía el sello del rey, y aunque fue hace muchas eras, aún recuerdo que las sacó con cuidado y las clavó en un árbol de la plaza, poco después se fue gritando “viva el reino” y todos le respondíamos con la mano alzada y un grito de “Arameka hasta el cielo”, orgullosos de nuestro imperio y de las tierras en donde crecimos.
Me acerqué lentamente junto con los habitantes curiosos que estaban ahí, y leí con terror la noticia, mi sangre se puso helada y mis manos temblaban de miedo, sentía el entumecimiento de mi estómago y el horror de mis vellos erizados, algunas señoras lloraban y corrían a sus casas, sin embargo yo me acerqué y firmé el papel, aún recuerdo las letras en aquel papel, y no importa que mi mente este demasiado vieja y agotada, siempre tendré en cuenta las siguientes palabras:
“Queridos habitantes de Alkanir, les habla su rey para darles una noticia devastadora, desafortunadamente el matrimonio entre mi hijo y la princesa de Cuarona se ha disuelto,y entramos en guerra con aquel reino condenado por los Dioses , el pueblo de Alkanir ha sido seleccionado para entregar a sus mejores hombres y ser entrenados para la batalla, a este se suman varios pueblos cuyos nombres no mencionaré, algunos de ustedes, irán a rezar al templo del dios Casipede, nuestro amado y respetado dios de la guerra y la ira, si están enterados pongan su nombre , si alguno de ustedes falla al reino, será condenado a sacrificio.”
Nunca olvidaré, mi amigo,caminé por la lluvia pensando en el futuro, en la sangre que probaría mi espada y en la piel que desgarrarían mis flechas, pero sobre todo pensaba en mi querida Marina, después de pensar y caminar, recuerdo que llegué a mi casa a dar la noticia, mi querida esposa Marina me dijo que no fuera, que podíamos huir de ahí y mudarnos a otro reino, sin embargo, ahora que lo pienso, ella quería protegerme de la guerra, puesto que yo nunca había entrado en batalla ni había peleado, además el reino de Cuarona era conocido por entrenar guerreros mortíferos que nunca habían perdido una batalla. Pero lo más peligroso era ir a rezar al Dios Casipede, el Dios que después me quitaría todo y que me haría enfrentar un viaje por el cual estoy aquí.
Los días pasaron rápidamente y poco a poco llegaban los soldados a establecer el campamento y entrenarnos, debo decir, que sentía gran admiración por el rey, nos daba buenos servicios y nos protegía de los ladrones y asesinos; sin embargo, mi miedo era terrible, veía los soldados con sus armaduras doradas y sus cascos adornados con huesos de Haron, los monstruos más temidos por todo el mundo. Tenían sus capas negras y sus túnicas rojas, los hacían ver imponentes, como cuando se contempla la noche más oscura y la luna observa desde lejos. Las grandes espadas colgaban de su funda y los arcos esperaban en la espalda, pacientes, además, los soldados contaban con el poder de las piedras de los magos, que les ayudaban a aumentar su musculatura mientras la llevaran puesta.
Mi querida esposa me abrazaba y yo a ella, la besaba con ternura y ella me decía dulces palabras al oído, por las noches, veíamos a nuestros hijos dormir y con lágrimas en los ojos me suplicaba que huyéramos, pero yo no podía, algo me inspiraba a seguir y, las últimas palabras que oí de su boca fueron
“Adiós mi querido amor, recuerda que siempre tendrás mi corazón y que siempre te pertenecerá, no olvides que mi último beso te espera cuando seamos viejos”. Con esas palabras salí de mi hogar y antes de abrir la puerta, me dio su collar, no necesitábamos decirnos nada, con la mirada sabía que volvería, oh mi pobre Marina.
EL ENTRENAMIENTO DE LOS SOLDADOS
“Todos ustedes están malditos, ya no están en casa y ya no podrán volver, vana morir por su rey y por el futuro de sus hijos”, eso nos gritaba el general Ateyo mientras caminaba entre nosotros, era un gran hombre, se decía que el solo había acabado con una horda de bandidos que saquearon el pueblo de Bardon. Tenía ya el pelo blanco y era de rasgos fuertes, pero desafortunadamente le faltaba el ojo, lo perdió la última vez que peleó en una guerra, sin embargo, contaba la historia, que siguió peleando hasta acabar con los soldados y solamente se amarró un pedazo de su capa para que la sangre no le estorbara en la nariz. Yo sentía gran temor por aquel general, puesto que de fallar algo bajo sus órdenes, sería castigado con cuarenta azotes en la espalda y una pelea contra tres soldados, por lo que seguí todas su órdenes al pié de la letra.
El primer día, recuerdo que nos pusieron a forjar nuestra propia espada, mientras eso pasaba estaba prohibido hablar con alguien más, porque el general pensaba que al tener amigos podríamos cometer alguna tontería en el campo de batalla.
El campamento estaba dividió en cuatro pequeñas casas improvisadas con tela, en una estaba la habitación del general, donde planeaban las estrategias y discutían casos de gran importancia, aunque generalmente no dormía ahí, prefería dormir con todos los demás en camas de tela y piedras.
En otra casa estaba todo el armamento, y los aditamentos usados para entrenar, cosas como muñecos de madera y objetivos para el arco. En otra casa forjábamos las armas y en la última se atendían a los heridos. Todo lo teníamos ahí, yo y los otros sesenta hombres que entrenaban conmigo. Mientras tanto yo pensaba en mi Marina y en mis hijos, francamente esperaba que pasara el tiempo para volver.
Una vez forjada nuestra espada, pasamos a un círculo, en donde estaba prohibido moverse, mientras tanto, los guardias nos golpeaban con varas hasta que se rompían, el dolor que sentía era impresionante y algunos de los hombres lloraban y rogaban para que pararan, pero esto solo enfurecía al general Ateyo y aumentaba otra vara a su castigo. Mis brazos empezaban a sangrar y mi boca perdió su forma y empezó a adquirir sabor a sangre. Mientras nos golpeaban el general nos gritaba “Esto es para que no le tengan miedo al dolor, para que lo conozcan y sepan que se siente, lloren o supliquen y yo mismo los golpearé”. Mientras tanto, seguí aguantando el castigo y después de tres horas, nos dejaron comer algo, si es que encontrábamos algo en el bosque para comer, pues el general pensaba que así aumentaríamos la fuerza y a velocidad. Así que nos aproximamos al bosque acompañados por soldados para asegurarse que no escapáramos. Así que entré al bosque mi amigo viajero, y empecé a buscar.
LA CAZA
Me movía rápidamente querido viajero, me escondía entre los verdes pastos altos y esperaba escuchar algo, un pequeño susurro para poder cazar un pequeño animal, tal vez un conejo o un venado, sin embargo no tenía suerte, puesto que aquellos bosques grandes ocultaban gran parte de sus animales, que se escondían, lo peor de todo, es que mi cuerpo se encontraba débil y maltratado por el castigo de los soldados, pero estaba demasiado hambriento, necesitaba comer un conejo como lo solía hacer mi querida Marina, con unas cuantas zanahorias y un poco de vino de calianate, un sabor hogareño. Mientras buscaba pensaba en todo lo que me había pasado en los últimos años, el nacimiento de mis hijas en mi casa, a manos del curandero, recuerdo haber visto como nacían y como les dije al oído que nunca las dejaría, que serían mi tesoro mejor guardado, oh mis pobres hijas, cómo las extraño al escribir esto viajero, lamento que no entre en detalles ahora, pero como siempre, llegará el tiempo adecuado.
Mientras mi cuerpo se movía silencioso, escuchaba a los soldados burlándose de nosotros, mientras poco a poco veíamos como los pájaros volaban lejos de nuestras flechas y los ratones y demás criaturas corrían al ver nuestros cuerpos andando por arriba de sus hogares.
Poco a poco sentía el viento en mi cara, la brisa de paz que predecía tiempos futuros, cerca de mi Marina, cerca del hogar. Fue en ese momento cuando escuché a lo lejos el chillido de un venado, se alejaba rápidamente y corrí hacia él. Dejé de sentir pmis pies como cuando se corre por mucho tiempo, y empecé a comportarme como animal,, justo como el general quería. Lo ví a lo lejos huyendo, pero de pronto saqué mi arco y contuve la respiración, el tiempo se volvió lento para mí y mi flecha atravesó sus entrañas desparramando sangre por todos lados, recuerdo que el pobre corrió un tiempo más, pero a fin de cuentas cayó rendido. Empecé a caminar hacia mi víctima, sus ojos aún brillaban, pero no tenía opción, era él o yo, así que decidí terminar con el sufrimiento de aquel animal, y con un tajo de mi espada le corté la cabeza. Fue una gran cena, los soldados me felicitaron por que fui el único que pudo cazar algo y comer, a excepción de dos reclutas más que comieron vegetales cocidos, pero tenía prohibido compartir, era mi triunfo y la gloria era para mí, en ese momento sentí mi primera sensación de poder, que se elevaba de mis pies a mi cabeza, llenando mi cuerpo de fortalezas místicas.
Esa noche me sentí como el rey entre los mortales, había cazado mi primer animal sin haberlo pensado mucho, solo un poco de concentración y listo, fue muy fácil, Marina estaría orgullosa de mí.
EL COMBATE
Los siguientes días fueron difíciles mi amigo, peleábamos por un casco de baja calidad y por dormir en las camas que no estaban repletas de insectos, sin embargo aguanté el entrenamiento, siguieron los golpes y los combates, pero llegó el momento en el que tuve que combatir con uno de los soldados del general, aún recuerdo su nombre porque es fiel a mí aún después de tantos años, fue el soldado Arkim, era un sujeto delgado con complexión menor a a mía, a decir verdad, nos e veía impresionante, puesto que yo fui desarrollando mi cuerpo mucho más rápido que los demás, recuerdo haber escuchado mi nombre y salir al círculo donde veía a mi oponente con su espada y escudo, imbatibles, impenetrables y poderosos. Mi sangre corría rápidamente y sentía ese hoyo en el estómago, mi mente pensaba en la peor de las posibilidades y mis manos se enmudecían por el miedo. Pero por alguna extraña razón logré sacar mi espada, se sentía ligera y no existía nada más en el mundo más que Arkim y yo, ni siquiera mi Marina estaba presente, era solo mi espada contra la suya; la regla era simple, si sangrabas perdías y debías empezar de nuevo.
El combate empezó, sentía temblar mi escudo con cada embestida, y podría jurar que su respiración me atemorizaba, pero yo solo aguantaba, tenía miedo de volver a empezar, de atrasarme en mi entrenamiento. Me propició dos golpes con sus pies, lo que me dejó en el suelo, no pensé que fuera a usar su cuerpo, propició un espadazo increíble, incluso llegó a hacerle un hoyo a mi escudo, pero en ese momento perdí el control, imaginé que él era el peor de los males y la causa de la guerra, mis ojos se nublaron por completo y me levanté rápidamente, sacudí mi escudo para verificar que estuviera completo. Comencé a atacar.
Mi espada se movía por si sola, era como un ente diferente que me motivaba, mi sed de sangre se volvió mi debilidad y atravesé su cuerpo con mi espada, en ese momento me di cuenta del error que cometí, sabía que estaba destinado a un castigo fuerte, y el general Ateyo detuvo la pelea. Tuve suerte que solo le hice daño temporal, ya que de haberlo asesinado me matarían a pedradas los soldados.
El general caminó hacia mí, con su espada blandida, yo no sabía que hacer, me moría de miedo, y en ese momento pensé en apuñalarlo y huir, pero mis pies se congelaron y mis manos no respondían, sus palabras exactas no las recuerdo, excepto por una frase “Felicidades, nos acompañarás al templo” y acto seguido me marcó la cara con su espada. Sentía el filo cortar mi piel y cómo el calor de mi sangre manchaba aquel acero filoso. Se marchó caminando y los soldados empezaron a murmurar, querían matarme, pero el general no lo permitiría, ahora ya era superior, vio en mí algo, vio la violencia, vio la ceguera en mis ojos y el temblor de mis manos, que inconscientemente pedían más.
Esa noche celebraron que fuera uno de los elegidos, pero era más una despedida, el templo estaba lleno de peligros, pues cualquier Dios nos seguía viendo como seres pequeños e insignificantes, juguetes en su gran mundo y muñecos que podían controlar a su antojo, generalmente los Dioses nos atacaban de molestarlos en mal momento, y solo pocos sobrevivían.
Los días pasaron y el sol se volvía cada vez más frio, poco a poco la nevada caía e inundaba nuestros pies, a lo lejos se veían las montañas de la gran ciudad y se escuchaban los gritos de las bestias que esperaban devorar nuestros cuerpos. Pon atención mi querido viajero, que ahora contaré como empezó mi viaje y mi desgracia, ahora recuerdo todo, mi pasado se vuelve claro como el agua de mi viejo pozo o los charcos de lluvia en mi querido pueblo, a partir de ahora sabrás todo lo que hay que saber, para que no olvides que fue lo que pasó en este mundo, mucho antes de que nacieras viajero, mucho antes de que vivieras en esta paz.
Capítulo I El templo del Dios Casipede
No es extraño que los días pasaran rápidamente, que los combates siguieran y que yo contemplara en el horizonte los ojos de mi Marina, cómo la extraño, y vaya que cómo la extrañé, pero en esos momentos mi futuro era otro, tenía que regresar sano a mi casa para ver a mis hijos crecer en los suaves pastos del pueblo, escuchar con ellos las noticias que nos traía el cantante errante, bailar juntos al ritmo de la música cada cinco soles, pues el sexto no se trabajaba, embriagarme con el vino dulce y hacer el amor con mi Marina, tener su aroma junto a mí, pero como dije, en ese momento era imposible, y mientras recordaba, abrazaba mis recuerdos y me ilusionaba del futuro, mis sueños se interrumpían por el sonido de las armas forjándose y los gritos del general Ateyo, que irrumpían en mis sueños como espadas filosas, el tiempo había llegado, era momento de ir al templo del Dios Casipede.
Mi espada descansaba en su funda, y mi casco se sentía frío al ponerlo en mi cabeza, sentía una necesidad de entrar en batalla, quería ir y enfrentarme al Dios, mostrarle mi fuerza y mi nuevo cuerpo, maltratado por golpes y con muchas cicatrices, pero fuerte e impetuoso como la nieve que azotaba nuestro campamento.
Era una mañana fría, cuando al despertar tu cuerpo tiembla, viajero, pero no el mío, mi cuerpo se preparaba, mientras abotonaba mi capa y me ponía mi armadura con el símbolo de mi querido imperio, mientras mi arco descansaba en mi espalda y mis flechas en mis hombros, todo estaba listo, miré por última vez a los soldados dormidos y con un suspiro salí de ahí. El general nos esperaba con ansias, éramos tres soldados y el general, que poco a poco desaparecía con la niebla para que nosotros lo siguiéramos.
Mientras cabalgábamos hacia el templo, contemplaba lo suave del sonido de un caballo al andar, y la brisa fría sobre mi rostro, podía incluso escuchar mi respiración, y hasta podía ver los conejos dormidos a lo lejos. Avanzamos mucho, pasamos los bosques y llegamos al pie de la montaña del templo, un pequeño lugar plano con mucha nieve, ahí, dormimos a la luz de una fogata que prendimos gracias a los polvos de los magos del rey, solo hacía falta una chispa y el fuego iniciaba. Esa noche no hablamos, sólo mirábamos la fogata como un último deseo, como cuando se mira a la luna sin saber porqué o cuando se contempla a una mujer hermosa peinándose en el ático, éramos tres y el general, pero de todos ellos, solo yo tenía algo que perder, ahora lo pienso, y probablemente eso me dio fuerzas en el momento.
No pude dormir, graves pensamientos azotaban mi mente, así que me levanté de mi cama y contemplé la luna, grande y acompañada de estrellas, de lágrimas de nuestros dioses por cada vida perdida, en ese momento el general se levantó y me preguntó que me ocurría, pero con el sonido de los lobos aullando y del viento entre los árboles me fue difícil concentrarme, así que solo le respondí “Nada general, solo pienso en los momentos felices al lado de mi familia, en el calor de mi hogar y en los besos de mi señora” a lo que él solo respondió con una sonrisa y me ordenó volver a dormir, pero no pude, solo podía pensar en el futuro y en lo que podría pasar, hacía historias en mi mente que aún no pasaban, me mortificaba cada vez más, y al cabo de un tiempo, se levantó el sol, anunciando de nuevo el viaje.
Los soldados y el general Ateyo despertaron, prepararon sus cosas y emprendimos el viaje. Pasamos por caminos rocosos con la nieve derritiéndose en nuestros hombros y en el casco, algunas veces, se acumulaba y teníamos que quitárnoslo para remover la nieve y que nos pesara menos. El pasto iba desapareciendo para convertirse en sólo rocas y tierra muerta y a lo lejos no se veía nada, más que el camino de subida y la nieve pegando en las montañas con más fuerza.
Desafortunadamente, llegó el momento en el que los caballos no pudieron andar más, el camino se había terminado y esto era anunciado por una piedra que indicaba que debíamos seguir a pie. Pobres caballos fieles, tuvimos que matarlos para que no murieran de hambre y frío, poco a poco saqué mi espada y enterré aquella punta filosa en el cuello de mi caballo, en el cuello de Atona, bauticé a mi caballo así porque era el nombre del caballo de mi padre, de alguna manera, quería conservar su recuerdo, pero era momento de seguir, nunca olvidaré ese momento, cuando no importó lo fiel de los animales, sino nuestro destino, el egoísmo del hombre en su máxima expresión.
Dio la noche y nos quedamos a dormir en ese lugar, nuevamente con la ayuda de polvo de magos, sin embargo, no pudimos dormir por el frío insoportable y esa noche empezamos a platicar de nuestras familias, uno de los soldados tenía una enamorada en otro pueblo, mientras los otros dos eran meros solteros que cada día buscaban a una nueva mujer para cortejar, pero se veían inexpertos y solo conseguían un pañuelo en lugar de un nombre. Nuestro general, había perdido a su esposa por que la acusaron de bruja y hereje ante los Dioses, pero nunca la defendió, recuerdo que nos contó que fue el peor error de su vida, pues hubiera preferido morir al lado de su amor que a manos de otro imperio. Después de esa historia, decidimos continuar el viaje.
Subimos y subimos la montaña, aún se veía lejos la estatua enorme de Casipede, y la ración de comida y agua no era suficiente, además de que no había ningún animal capaz de soportar aquel clima impetuoso. En ese momento, nos sucedió lo peor.
A lo lejos escuchamos un fuerte estruendo, todos sabíamos que era el chillido de un Harón, la bestia más temida por los hombres, nos quedamos quietos para no despertar su olfato, pero fue inútil, la bestia se nos paro en frente. Tenía unas alas enormes y unos colmillos que aún conservaban huesos enterrados de otros hombres y animales. Sus ocho ojos nos observaban, como viendo las rutas de escape, y con un grito, causó una gran caída de nieve que nos bloqueó el paso. Estábamos perdidos, en la orilla de la montaña solo tres soldados y un general, con hambre, sueño y cansancio.
Disparamos flechas a su cuerpo lleno de pelo, la sangre brotaba y agarró a uno de los soldados, vimos como gritaba por su vida mientras la bestia lo devoraba vivo, recuerdo que su casco cayó enfrente de nosotros y se precipitó al vacío, su muerte fue horrible, veíamos como aún gritaba de dolor con el cuerpo a la mitad y sus brazos distribuidos entre sus mandíbulas, la pelea apenas empezaba.
domingo, 29 de enero de 2012
Canción
Esta es una canción que compuse, pronto estará mejorada con una cantante profesional y un poco de cambio den a letra, pero mientras denle promoción, claro si es que les gusta y vean la letra.
http://www.youtube.com/watch?v=DRgVGnMYGjo
http://www.youtube.com/watch?v=DRgVGnMYGjo
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Los poemas
Estimados lectores, espero me puedan apoyar con algunos poemas que he estado haciendo, se encuentran enla página http://www.mundopoesia.com/foros/poemas-de-amor/385362-caminando-al-lado-de-una-mujer-hermosa.html ese es un poema llamado "Caminando al lado de una mujer hermosa", mi usuario es Altair Buendía, por si les interesa, muchas gracias y espero seguir contribuyendo a este blog.
Sinceramente
Israel
Sinceramente
Israel
lunes, 5 de diciembre de 2011
Mi país
Puedes encontrar en mis tierras
cien años de muchos pesares
y mientras los pobres morimos
los ricos deleitan manjares
No basta con tener la lluvia
no basta con tapar el sol
los hombres no tienen límites
hemos perdido el honor
Mis oídos ya están cansados
de discursos de saliva y hiel
en verdad lo que quiere mi gente
es que tengamos el mismo nivel
Que trabajen dicen los ricos
mas no hay oportunidades
pues en todos los grandes puestos
se encuentran sus familiares
No busques en estas tierras
familias de casas muy pobres
pues lo único que les hace el gobierno
es pintar y adornarlas con flores.
cien años de muchos pesares
y mientras los pobres morimos
los ricos deleitan manjares
No basta con tener la lluvia
no basta con tapar el sol
los hombres no tienen límites
hemos perdido el honor
Mis oídos ya están cansados
de discursos de saliva y hiel
en verdad lo que quiere mi gente
es que tengamos el mismo nivel
Que trabajen dicen los ricos
mas no hay oportunidades
pues en todos los grandes puestos
se encuentran sus familiares
No busques en estas tierras
familias de casas muy pobres
pues lo único que les hace el gobierno
es pintar y adornarlas con flores.
martes, 29 de noviembre de 2011
México
Tengo la sangre rebelde corriendo por mis venas
canciones en el alma y gritos en el corazón
pues me preocupan mucho las penas ajenas
no me importa pelearme a golpes para defender mi pasión
Tengo el alma destrozada
de tanto corretear
a un fantasma perdido
buscando felicidad.
No le reclamo mucho al mundo
pues no existe sociedad
que te acepte como humano
que te acepte sin mirar
De la jungla de asfalto vengo
a la ciudad natural voy
pues me dicen el rey caído
y el nuevo sirviente soy
Solo vengo a buscar la mirada
que en las estrellas he perdido
sin embargo si volteo arriba
solo humo es lo que encuentro
Y no culpo a la vida
no culpo a la razón
culpo a mis ideales
y a mi libre corazón
canciones en el alma y gritos en el corazón
pues me preocupan mucho las penas ajenas
no me importa pelearme a golpes para defender mi pasión
Tengo el alma destrozada
de tanto corretear
a un fantasma perdido
buscando felicidad.
No le reclamo mucho al mundo
pues no existe sociedad
que te acepte como humano
que te acepte sin mirar
De la jungla de asfalto vengo
a la ciudad natural voy
pues me dicen el rey caído
y el nuevo sirviente soy
Solo vengo a buscar la mirada
que en las estrellas he perdido
sin embargo si volteo arriba
solo humo es lo que encuentro
Y no culpo a la vida
no culpo a la razón
culpo a mis ideales
y a mi libre corazón
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
